Recibido: 15 de agosto de 2020. Aceptado: 10 de septiembre de 2020.

Received: August 15th 2020. Accepted: September 10th 2020.

El presente trabajo analiza la complejidad de representar la realidad en un programa de ficción histórica. Revisa los procesos de documentación, selección y adaptación de fuentes para dar forma a un producto audiovisual en el que se integra la imaginación histórica con hechos relevantes del pasado. El análisis se centra en la protagonista del drama español Isabel, en donde además de mostrar los principales rasgos personales y físicos de la Reina Católica, se aborda el tema del rol de la mujer en el siglo XV.

This paper analyzes the complexity of representing reality in historical fiction series. It reviews the processes of documentation, selection and adaptation of sources to shape an audiovisual product in which historical imagination is integrated with relevant events from the past. This analysis focuses on the main character of the Spanish program Isabel, where in addition to showing her personal and physical features, the issue of the role of women in the 15th century is addressed.

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LAS SERIES DE FICCIÓN HISTÓRICA

Estos programas son un producto audiovisual de gran aceptación entre el público de todas las edades e intereses. “Hoy día, las peripecias de los protagonistas de la ficción televisiva se han convertido en el objeto de discusión y controversia en numerosos blogs, fotos, redes sociales y redes de información de muy diversa índole” (Hernández-García, et al, 2013:454). De entre los temas presentados en las diferentes producciones, la ficción histórica ha despertado el interés de muchos espectadores por conocer la vida de personajes y eventos del pasado.

El desarrollo de los dramas basados en personas reales representa cierto grado de complejidad por la cantidad de información que debe revisarse, por la forma en que se presentarán situaciones oficiales y conocidas por gran parte del público y porque deberá decidirse qué tanto se modificará la realidad para lograr un resultado atractivo.

El análisis documental tiene aquí un papel fundamental pues los hechos que deben adaptarse y transformarse en imágenes y sonidos, tienen límites más estrechos que un proyecto de tema libre, que sea cien por ciento ficción. Es por esto que el análisis de contenidos para elegir los pasajes históricos a presentar debe ser meticuloso, considerando tanto su aceptación como su impacto en la sociedad. “… un contenido leído e interpretado adecuadamente nos abre las puertas al conocimiento de diversos aspectos y fenómenos de la vida social” (Abela, 2002:2).

El objetivo de este análisis es ahondar en la complejidad del abordaje de una realidad histórica para desarrollar una propuesta de ficción basada en personajes destacados de la historia universal. Revisar el proceso de investigación, selección y adaptación de la información obtenida de diferentes fuentes para desarrollar de forma audiovisual los aspectos más destacados de la vida personal, familiar y política del protagonista.

La serie elegida es Isabel, una producción que muestra a lo largo de 39 capítulos la vida de Isabel I de Castilla, una mujer que junto con su esposo Fernando, se convirtió en uno de los personajes más emblemáticos de la monarquía española por sus logros tanto políticos como religiosos.

EL ANÁLISIS DE LA FICCIÓN HISTÓRICA

Para entender la importancia de la representación de la historia al desarrollar contenidos de ficción, se revisaron textos de R.G. Collinwood (1989), Carlos García Gual (2013), Georg Lukács (1977) y Justo Serna (2012). Estos autores explican que si bien es importante respetar lo más posible la realidad histórica, se debe considerar que una narración claramente definida como ficción, aunque se base en hechos históricos, tiene como objetivo central el de entretener y no el de informar, como sería el caso de otro tipo de formato audiovisual: el documental.

Para llevar a cabo este análisis  se revisaron todos los capítulos y se seleccionaron los pasajes que se consideraron más significativos para mostrar la representación de la protagonista en sus dimensiones personal, familiar y política.

Posteriormente se hizo una revisión documental que permitiera conocer a Isabel la Católica como hija, hermana, esposa y reina. Se buscó información de especialistas en el tema como Manuel Fernández Álvarez (2003).

La información obtenida se comparó con la mostrada en el programa de televisión para valorar si el personaje de Isabel es una representación apegada a la realidad histórica o si fue modificada su personalidad y físico de forma significativa. También se revisó si la adaptación  eliminó mucha información histórica y si agregó situaciones o personajes ficticios para dar mayor atractivo a la trama.

LA REALIDAD HISTÓRICA Y LA FICCIÓN

La ficción histórica es un género literario que combina hechos y personajes reales con sucesos imaginarios. Surge del interés de escritores no especializados en historia, por desarrollar relatos en épocas pasadas o por convertir en protagonistas de sus narraciones a un personaje real.

Para lograr darle el mayor realismo posible a sus propuestas, los creativos toman como punto de partida la documentación para encontrar información confiable. Las entrevistas y la revisión de textos son los primeros acercamientos que los escritores de ficción llevan a cabo. Más adelante viene la organización y selección de sus hallazgos y finalmente la integración de la verdad histórica con la imaginación en un guion o libreto.

Los lectores, que no siempre son especialistas en historia, reciben con agrado este género pues se omiten datos poco atractivos y se enfatiza mucho en lo emotivo y lo romántico del pasado. El tener una idea vaga de sucesos históricos se ha transformado en un interés creciente por conocer más acerca de hechos y personajes de diferentes lugares y momentos.

El éxito de este género se debe a que los novelistas combinan “la documentación histórica y la imaginación dramática para incitar al lector a un viaje singular por el tiempo y el espacio. Reconstruyen un marco histórico al efecto, y no solo es la peripecia de los actores, sino el mismo decorado, lo que está diseñado para la seducción” (García Gual, 2013:17).

La ficción histórica se ha trasladado de los textos impresos a los medios audiovisuales en donde se pueden recrear situaciones, lugares, eventos y protagonistas de la historia más representativa de cada país. Esto permitió que el público fanático de programas de entretenimiento tuviera acceso a nuevas producciones que además de entretener, muestran sucesos reales y personajes conocidos de forma accesible, fácil de comprender y de seguir.

El objetivo de lo que se narra en una serie de ficción histórica tiene una relación estrecha con el contenido y con la recreación. La intención es crear un producto audiovisual que tenga como principal intención el entretenimiento y, en segundo término informar, por lo que se enfatizan aquellos episodios de la historia que resulten más interesantes para el espectador y probablemente no los más significativos. El productor de ficción buscar desarrollar una historia basada en sucesos reales, pero presentada de forma seductora, que mantenga constante la atención del público. El guionista debe realizar una adaptación que logre hacer sentir al espectador cercano a los personajes para que compartan triunfos, expectativas, temores.

Para muchos historiadores, la manipulación de la realidad resulta ofensiva, porque consideran que los lectores están recibiendo información deformada y, al no ser especialistas, no pueden distinguir lo que es verídico de lo que no lo es. Se critica el que haya más preocupación por el éxito del programa que por la difusión de información real. Los seguidores de la ficción histórica argumentan que al definirla como ficción, se resta a las historias la formalidad y la exigencia que tienen los programas de otro tipo, como los de difusión. La ficción es, pues, una invención que puede girar en torno a hechos y lugares que existieron, pero no hay una rigidez por mostrarlos exactamente como fueron, porque no se está presentando una crónica o recuento histórico, sino un programa de esparcimiento.

Mientras que la verdad histórica muestra los hechos más relevantes de la humanidad, la ficción histórica busca que el espectador tenga un acercamiento más íntimo con los protagonistas; que se involucre con los sentimientos, se interese por los detalles y los momentos a veces insignificantes en términos históricos, pero sumamente importantes para lograr la empatía.

En un género de ficción se tiene la posibilidad de enfatizar solamente un aspecto del protagonista y desarrollar la historia en torno a, por ejemplo, su vida familiar o amorosa. Por el contrario, en la verdad histórica se presenta la información de forma objetiva, más fría e impersonal.

El público de estos proyectos -y de otros similares- se sitúa entre dos extremos cuyos gustos se repelen entre sí: quienes desean ver una ficción histórica más centrada en “la historieta” – amores, traiciones, crímenes, todo un melodrama de época trufado con sabrosas anécdotas- y quienes defienden la recreación del hito histórico. Este segundo grupo de avezados espectadores exige que se reflejen las cosas tal y como sucedieron, también lo menudo, únicamente con personajes que representan a aquellos que protagonizaron los hechos, los cuales han de ser mostrados respetando un estricto rigor documental (Margalló, 2015:8).

A pesar de estas diferencias significativas en el trabajo histórico y en el de ficción hay puntos en común al momento de narrar los hechos. Tanto el historiador como el guionista de ficción recrean eventos específicos que no se encuentran registrados en ninguna fuente. Este proceso se construye a partir de la información con que se cuenta y del punto de vista de la persona que esté haciendo la narración. Los diálogos, los escenarios y otros detalles muy específicos son un acercamiento construido a partir de lo que la documentación y la investigación arrojan. A esto se le conoce como imaginación histórica.

LA ADAPTACIÓN EN LA NARRATIVA AUDIOVISUAL

Un guionista de ficción histórica debe hacer modificaciones de la realidad. Tomar en cuenta los recursos de la producción para desarrollar la historia de forma que sea posible su realización. La falta de presupuesto, por ejemplo, puede exigir que los escenarios y el vestuario sean más sencillos y limitados que los reales. Los diálogos de los personajes requieren de cambios estructurales para facilitar la comprensión, pues los idiomas van cambiando con el paso del tiempo, y las palabras y estructuras caen en desuso.

Para hacer atractiva la narración, el escritor puede centrar su relato en cualquiera; en el personaje central de un evento o en un simple espectador. Puede mostrar la historia desde el punto de vista del poderoso o del desposeído, del que triunfa o del vencido. Al contar su historia de distintas maneras, puede hacerlo a través de un narrador que puede ser homocigótico, si narra en primera persona, o heterocigótico, si relata en tercera persona.

Las secuencias también pueden presentarse de formas variadas, no solamente de manera lineal y cronológica. Se puede empezar por el medio o por el final de la vida del protagonista; se pueden incluir analepsis y prolepsis para mostrar fragmentos del pasado o del futuro.

Todos estos recursos narrativos dan a los capítulos un ritmo ágil que facilita la comprensión de los hechos y ayuda al espectador a reconocer lugares, personajes y situaciones.

La planeación del vestuario y mobiliario, la elección de las locaciones y el diseño de los foros, así como los movimientos y encuadres de cámara, dan como resultado un producto audiovisual fascinante, que encanta al público. 

ISABEL DE CASTILLA

Los programas de ficción histórica con mujeres como protagonistas o con una participación destacada, se producen cada vez con mayor frecuencia pues sus seguidores aumentan constantemente. Algunos ejemplos son The Crown (Netflix, 2016), que narra la vida de la reina Isabel II de Inglaterra o Reign (CW,2013), que presenta una versión muy libre de la reina escocesa María Estuardo. Aunque no sean el personaje principal, las mujeres destacan por su participación en la política, como en Carlos, Rey Emperador (RTVE,2105), en donde Margarita de Austria, Isabel de Portugal y  Luisa de Saboya toman en sus manos el poder de sus reinos o guían a sus hijos, que son los principales reyes europeos, en decisiones de estado.

Una de las series más exitosas de los últimos años es Isabel, una producción de Televisión Española transmitida de 2012 a 2014. A lo largo de tres temporadas muestra la historia de Isabel de Trastámara desde su adolescencia hasta su muerte, mostrando la vida pública y privada de la Reina Católica, una de las figuras femeninas que rompió con el papel tradicional de las mujeres de las cortes europeas del siglo XV, actuando con independencia y determinación al gobernar.

LA VIDA DE UNA MUJER Y DE UNA REINA

Isabel la Católica es descrita por cronistas e historiadores como de estatura media. Rubia, de piel muy blanca y ojos entre verdes y azules. De carácter fuerte, animosa y muy devota. Como reina fue enérgica e implacable pero de buen corazón y acostumbrada a tomar sus propias decisiones. Su vestimenta fue sencilla para su época y rango.  Isabel I de Castilla es un ejemplo de la forma en que una mujer toma el poder en sus manos para gobernar y lograr la estabilidad de una nación. Su vida, como la de muchos monarcas, se vio rodeada de arreglos por conveniencia y traiciones pero la soberana supo enfrentarlos para convertirse en una de las mujeres más importantes de la historia universal. (Fernández Álvarez, 2003).

Isabel de Trastámara nació en Madrigal de las Altas Torres en 1451. Fue hija de Juan II de Castilla y de su segunda esposa, Isabel de Portugal. El rey Juan estuvo casado anteriormente con  María de Aragón y tuvo tres hijas, que murieron siendo niñas, y un hijo llamado Enrique. Dos años después de la muerte de su primera esposa en 1445, el rey se casó con Isabel de Portugal, a quien le doblaba la edad. Tuvieron dos hijos, Isabel y Alfonso.

El rey no estuvo presente durante el nacimiento de su primogénita ni hubo grandes celebraciones, pues Castilla ya tenía un heredero y el nacimiento de una mujer no despertó mucho entusiasmo. El pueblo en el que nació la futura reina, era un lugar “donde los hombres de la familia ocultaban con frecuencia a los miembros femeninos de su estirpe”. (Downey, 2017:560).

Juan II murió en 1545 a los cuarenta y nueve años. Su viuda sufrió de una depresión tan profunda que se aisló del mundo y perdió contacto con la realidad. El medio hermano de Isabel, Enrique, era primero en la sucesión. Después estaba Alfonso, que aunque era dos años menor que Isabel, tenía prioridad por ser varón. Los dos infantes quedaron al cuidado de su madre y de varios tutores, como el obispo de Cuenca, el prior del monasterio de Guadalupe, Gonzalo de Ilescas y Gonzalo Chacón, hombre de confianza del noble más allegado de Juan II, don Álvaro de Luna. (Fernández Álvarez, 2003:51).

Cuando subió al trono, Enrique IV estaba casado con Juana de Avís, hija de Eduardo de Portugal. Durante varios años habían tratado de ser padres, sin conseguirlo, por lo que la posición de la reina se estaba debilitando. “En aquel entonces, la mayoría de las mujeres eran valoradas principalmente por su capacidad para tener hijos, obligación aún más pronunciada entre la realeza”. (Downey, 2017:560).

Había rumores de que el rey era estéril por lo que cuando la reina logró embarazarse, surgió la duda de si Enrique IV era el padre. Se especuló que el bebé era del mayordomo de palacio, Beltrán de la Cueva, a quien el rey trataba con afecto y generosidad. En 1462 nació la hija de los reyes, Juana, a la que muchos pusieron como apodo “la Beltraneja”. Sin hacer caso de los rumores, Enrique IV convocó a los nobles del reino para que su hija fuera jurada heredera de Castilla.  (Fernández Álvarez, 2003:65-66).

Juana de Avís quiso proteger a su hija de las posibles reacciones de Isabel y Alfonso al verse desplazados en la sucesión. Mandó traerlos de Arévalo, en donde vivían con su madre  y los tuvo casi como prisioneros en Castilla. Los infantes tuvieron que obedecer, porque Enrique obtuvo poder sobre ellos y sobre la Reina viuda cuando murió Juan II (Downey, 2017:561). Al vivir en la corte, la princesa se dio cuenta de la debilidad para gobernar de su medio hermano y del abuso de autoridad de sus asesores.

De manera misteriosa Alfonso, el hermano de Isabel, murió a los catorce años en 1468, dejando a Isabel y a su sobrina Juana como posibles sucesoras de Enrique IV. Ese mismo año, en Guisando, Isabel y Enrique IV llegaron a un acuerdo. Isabel apoyaría a su medio hermano si él la nombraba heredera en lugar de Juana, la Beltraneja. Además, ella tomaría parte en la decisión del rey sobre con quién debía casarse. Este pacto lo rompieron ambos; Enrique trató de casar a la princesa en dos ocasiones, primero con Pedro Girón, un noble castellano que murió repentinamente, y después con el duque de Guyena, a quien la princesa rechazó. Isabel escapó de su encierro y arregló en secreto su boda con Fernando de Aragón. (Rank, 2013).

La boda con el príncipe de Aragón se llevó a cabo en 1469 en Valladolid. Para lograrla, Fernando tuvo que viajar disfrazado de mozo para no ser reconocido por los espías de Enrique IV, que querían impedir la boda. Existía también el inconveniente de que ambos príncipes eran primos, por lo que debían tener una bula del Papa Paulo II para poder contraer matrimonio. El Papa no la concedió para no enemistarse con Enrique IV. Se ha especulado sobre una posible falsificación del documento; existen crónicas que aseguran que durante la boda de Isabel y Fernando se leyó una bula del Papa Pío II -que ya había muerto- autorizando a Fernando a casarse con cualquier princesa con la que tuviera algún grado de consanguinidad. En 1471 el Papa Sixto IV otorgó a la pareja la bula para dar validez a su matrimonio. (Fernández Álvarez, 2003).

Enrique IV murió en 1474. Poco tiempo antes había desconocido el Tratado de Toros de Guisando porque no fue respetado y nombró a su hija Juana, heredera del trono. (Rank, 2013).

Cuando se enteró de la muerte del rey, Isabel estaba sola en Segovia porque  Fernando había tenido que viajar a Aragón a ver a su padre.  Al día siguiente de la muerte de su medio hermano, Isabel asistió al alcázar de Segovia, en donde recibió a los mensajeros que dieron testimonio de la muerte de Enrique IV. Isabel  no quiso esperar a  Fernando; para asegurarse la corona  reclamó su derecho al trono de Castilla. El pueblo la proclamó reina. Dos días después regresó Fernando y también fue coronado. (Gálvez, 2010).

Como reyes de Castilla los reyes, llamados Católicos por el papa Alejandro IV en 1496, lograron muchos avances en sus territorios. Entre los hechos más importantes durante su reinado destacan dos ocurridos en el mismo año, 1492, la rendición de Granada y la llegada de Colón a América, lo que proporcionó a Castilla numerosas riquezas y territorios.

Los Reyes Católicos tuvieron cinco hijos y buscaron casarlos con los hijos de los monarcas más poderosos de Europa. Sintiendo su muerte cercana, Isabel estableció en su testamento que dejaba el poder en manos de su hija Juana, casada con Felipe el Hermoso, archiduque de Austria. Si por algún motivo Juana, apodada la Loca,  no estaba en condiciones de hacerlo, Fernando gobernaría hasta que Carlos, hijo de Juana, tuviera edad para hacerlo (Rank, 2013).

Isabel la Católica murió en 1504 en Medina del Campo. Su nieto Carlos fue su sucesor y llegó a ser el emperador más poderoso del siglo XVI.

ISABEL, LA SERIE

La producción estuvo a cargo de Jaume Banacolocha y Joan Bas; fue dirigida por Jordi Frades, Salvador García y Oriol Ferrer. Los guionistas encargados de hacer la adaptación de la realidad histórica son Nacho Pérez de la Paz, Laura Sarmiento, Juan Carlos Blázquez y Clara Escribá. Como principales protagonistas se encuentra Michelle Jenner en el papel de Isabel y Rodolfo Sancho encarna a Fernando el Católico.

Primera temporada

Salió al aire por primera vez en septiembre de 2012 e inicia en Segovia, alrededor de 1461. El rey castellano Enrique IV, medio hermano de Isabel,  es un rey con poco interés por gobernar por lo que está rodeado de asesores que lo guían y toman decisiones por él. El rey y su esposa, Juana de Avís, tienen una hija a la que muchos apodan “la Beltraneja”, porque aseguran que la niña no es hija del rey sino de uno de sus allegados, Beltrán de la Cueva. Esta sospecha provoca divisiones políticas para definir quién debe heredar la corona de Enrique.

Tanto Isabel como su hermano menor Alfonso, se convierten en piezas clave en la política. A Alfonso lo coronan rey los rebeldes, desconociendo el poder de Enrique IV, y a Isabel la comprometen en matrimonio dos veces. Alfonso enferma de forma sorpresiva y muere, tal vez envenenado. Enrique IV e Isabel firman el acuerdo de Guisando para no continuar en conflicto.

Isabel se niega a ser objeto de negociaciones y a casarse con quien le impongan. Ella decidirá con quién casarse y rechaza las propuestas de los nobles de la corte. Fernando de Aragón se vislumbra como una buena opción pero Enrique IV no está de acuerdo. El rey recluye a su media hermana en Ocaña, de donde ella escapa y con el apoyo de sus consejeros; planea su boda con el príncipe de Aragón.

Isabel hace una propuesta con lineamientos que Fernando debe acatar si quiere que el matrimonio se lleve a cabo. Él se muestra reacio pero su padre le pide que acepte pues la unión será ventajosa para Aragón, que pasa por una crisis económica. Isabel y Fernando se casan, a pesar de no contar con la autorización del Papa,  que debía otorgarles una bula que les  permitiera contraer matrimonio, pues eran primos.

En la corte de Enrique IV deciden casar a Juana la Beltraneja, con el duque de Guyena, para contar con Francia como aliada en contra de Aragón. Isabel y Fernando tienen una hija, que llaman como su madre. Fernando debe ir a Aragón a apoyar a su padre pues esperan que Francia los ataque en cualquier momento.

Muere Enrique IV. En la corte se convoca a los nobles para determinar quién debe suceder al rey. Isabel se adelanta y sin esperar a que regrese su esposo se proclama reina, se coloca la corona ella misma; también establece que ella será la encargada de impartir justicia, imponer penas y castigos en la corte.

Segunda temporada

Esta temporada se estrena en septiembre de 2013. Inicia mostrando los problemas que Isabel tiene con Fernando, como resultado de su independencia y de su deseo de no ser controlada por un hombre. Castilla tiene conflictos con Portugal y el pueblo se divide porque algunos consideran a Isabel usurpadora del trono y quieren reconocer a la Beltraneja.

La reina da a luz a un varón, al que llaman Juan. Para asegurarse que no habrá más problemas por la sucesión, Isabel manda a su sobrina Juana a un convento. Más adelante tienen a otra hija a la que también llaman Juana.

En Granada, el emir Muley Hacén tiene una amante cristiana, lo que preocupa a su esposa, Aixa, pues si el emir tuviera un hijo ilegítimo, podría obstaculizar la herencia de su hijo Boabdil. Los reyes de Castilla declaran la guerra a Granada. Boadbil  les hace frente pero su pueblo está dividido y los castellanos ganan las primeras batallas.

Isabel recibe a un navegante genovés interesado en descubrir una nueva ruta a las Indias, se llama Cristóbal Colón. A la reina le atrae la propuesta pero están en medio de una guerra y no pueden usar sus escasos recursos en la aventura que propone Colón.

Las luchas internas de los musulmanes continúan. Boadbil se enfrenta a El Zagall, líder del bando del padre de Boadbil.

El príncipe Juan enferma de gravedad. Si llegara a morir su hermana Isabel, que está casada con Alfonso de Portugal, heredaría Castilla y Aragón.

Boadbil se rinde y entrega Granada. Isabel y Fernando pueden ahora decidir qué harán con los fondos que les quedan. Isabel se inclina por apoyar a Colón. Para evitar enemistarse con el Papa, los reyes consideran expulsar de sus tierras a los judíos.

La última temporada

La tercera temporada se estrenó en agosto de 2014. En ella la hija de los reyes de Castilla, Isabel, enviuda. Cristóbal Colón regresa de su expedición y el Papa otorga a Isabel y a Fernando el nombre de Reyes Católicos.

Castilla tiene conflictos con Francia y busca establecer alianzas con otros países europeos a través del matrimonio de sus hijos. Isabel, la mayor que ahora es viuda,  se casará con Manuel de Portugal y Juana con Felipe de Flandes.

Isabel, hija de los Reyes Católicos, muere al dar a luz. Fernando e Isabel deciden que su hija Juana y su esposo Felipe deben viajar a Castilla, para ser nombrados herederos. Juana empieza a mostrar signos de inestabilidad. Felipe oculta su condición hasta que ambos sean coronados. La muerte de Isabel la Católica está cerca pero Fernando, al conocer las intenciones de su yerno, no cederá el poder con tanta facilidad y pide a Isabel que haga las modificaciones necesarias a su testamento.

Isabel la Católica muere en 1504, dejando a Juana como heredera, pero si por algún motivo no pudiera gobernar, lo hará Fernando hasta que el hijo de Juana, Carlos, tenga suficiente edad para ser rey.

EL PERSONAJE HISTÓRICO EN LA SERIE DE FICCIÓN

En la serie se destaca la fortaleza de una mujer para tomar decisiones personales y de estado para convertir su reino en un lugar próspero y estable. La protagonista debe luchar contra los prejuicios que la descalifican por no querer depender de un hombre. Desde los primeros episodios, la protagonista repite constantemente que es capaz de tomar sus propias decisiones y que no va a aceptar ser tratada como objeto ni como pieza estratégica.

El primer capítulo inicia con una Isabel adolescente, que debe primero obedecer en todo a sus tutores. Más adelante, es su medio hermano Enrique IV quien trata de dominarla. En la representación audiovisual se manifiesta el conflicto constante que vive la joven pues por un lado ha sido educada para ser gobernar y por otro debe someterse a la voluntad de los hombres que la rodean. Ella conoce su papel y sabe que su futuro será determinado por acuerdos y estrategias para fortalecer a la monarquía española y para mantener una buena relación con el Papa y los otros reyes europeos pero también se le ha forjado un carácter fuerte y fue preparada para decidir, ordenar, negociar y luchar contra los enemigos de la corona.

Casada con el hombre que ella misma eligió y cuyas condiciones matrimoniales estableció,  debe continuar peleando para poder tomar parte en las decisiones de estado y no permitir que su esposo, Fernando el Católico, gobierne en país en el que es un extranjero. En la serie se muestran roces constantes para decidir la forma en que deben llevar el gobierno de Castilla. En privado se disputan el mando pero en público mantienen una imagen de apoyo constante y de reconocimiento mutuo como soberanos.

No se destaca en el drama la famosa frase “Tanto monta, monta tanto, Isabel como Fernando” que nos recuerda a Alejandro Magno y su nudo gordiano, cuya premisa era que daba igual desatar que cortar. Con esta frase, que hablaba de la igualdad de los reyes,  “el buen pueblo fió en la armonía de los Reyes, y la entendió como la clave de la maravillosa recuperación de la Monarquía hispana” (Fernández Álvarez, 2003:542).

Además de la personalidad de la reina, a lo largo de los 39 capítulos surgen momentos clave para conocer el pensamiento de la época. Los diálogos juegan un papel fundamental en la narrativa porque muestran tres aspectos fundamentales para dar contexto a la historia:  la forma de pensar de la época, la ideología de Isabel y la postura de los que la apoyaron incondicionalmente, como su tutor Gonzalo Chacón o su mejor amiga, Beatriz de Bobadilla.

La serie retrata el papel de la mujer en el siglo XV y su desempeño tanto en la vida pública como en la privada, sin importar su rango social, político o económico. La supuesta superioridad del hombre se ve reflejada en diálogos como los siguientes:

“¿Una mujer reina de Castilla? Ni lo quiera Dios.”

“¡Es una niña y nos está manejando a su antojo!”

“Sois mujer, es tu obligación.”

Enfrentada a estos prejuicios, el personaje de Isabel muestra su carácter y determinación por no dejarse controlar con afirmaciones como:

“¿Por qué una mujer tiene que ser menos que un varón?”

“No tengo que daros explicaciones, soy libre de elegir mi boda y de elegir mi vida.”

“Quien reina, no recibe órdenes de nadie.”

“No voy a discutir, las cosas se harán a mi manera.”

Si bien no existen registros de que el personaje histórico haya dicho estas frases de forma exacta, se cuenta con información de cronistas y especialistas para respaldar los diálogos desarrollados en este drama, utilizando la imaginación histórica.

Aunado a los diálogos, se presentan también algunas expresiones de apoyo hacia Isabel y su determinación por no dejarse gobernar.

“Isabel tiene suficiente cerebro para tomar sus propias decisiones.”

“Sois una mujer más valiente que muchos hombres.”

“Como si fuera una afrenta haber nacido mujer.”

Podría pensarse que la postura de la teleserie tiene tonos feministas como apoyo a la situación actual de las mujeres que luchan por la equidad pero ha de reconocerse que el rol de Isabel se apega a lo relatado por los cronistas.

El éxito de esta diégesis televisiva fue tal, que se prepararon dos producciones más para dar seguimiento a la historia de España: la película La Corona Partida, que habla de Juana de Castilla, La Loca, y su vida al lado de su esposo Felipe el Hermoso. La segunda producción fue Carlos, Rey Emperador, una secuela que muestra la vida de Carlos V, hijo de Juana la Loca, desde su llegada a Castilla siendo un adolescente hasta su muerte.

A MODO DE CIERRE

En el programa se muestra a Isabel como una mujer adelantada a su época, capaz de dirigir un reino y de engrandecerlo. Aunque hay partes de ficción, se apega a los hechos más trascendentales de la historia española y dedica muchas escenas a mostrar el carácter de la Reina que a pesar de ser educada para gobernar, tuvo que sortear muchos problemas para lograr ceñirse la corona.

La forma en que se aborda el tema permite conocer los principales rasgos de la soberana de Castilla y de la vida en las cortes del siglo XV. La complejidad temática de convertir en un audiovisual aproximadamente 43 de los 53 años que Isabel vivió, se resolvió eligiendo pasajes claves que muestran la pérdida constante de seres queridos, el desprecio de sus enemigos, las traiciones de los que ella creía fieles y hasta sus propios temores, que se convirtieron en obstáculos para alcanzar sus fines. En la representación de este personaje se muestra la determinación de gobernar Castilla y de romper con los esquemas tradicionales de lo que podía hacer una mujer. Su gobierno lo llevó de la misma manera y se refleja también en la serie, escuchando a sus asesores y a su esposo, pero siendo ella la de la última palabra. Al heredar el poder pensó también primero en una mujer, su hija, y después en su esposo.

Los historiadores defienden a Fernando el Católico diciendo que fue pieza clave del fortalecimiento de Castilla y que ambos reyes se complementaban para gobernar, sin que el poder de uno estuviera por encima del otro. En la producción de Televisión Española, se muestra al rey molesto porque Isabel le recuerda constantemente que la que reina de Castilla es ella y él solamente es el consorte pero los historiadores no dan cuenta de esto, podría ser porque no era del todo cierto, o por una omisión por parte de los cronistas de la corte.

Además de la representación de Isabel como reina, madre y esposa, esta producción toca el tema de la amistad. Beatriz de Bobadilla es un personaje constante a lo largo de las tres temporadas, que está al servicio de la reina y con el que surge una amistad verdadera e incondicional a lo largo de toda la vida de la soberana. Los cronistas mencionan poco esta relación pero en la serie se da mucho peso a esta otra faceta de la protagonista.

Como ejemplos de imaginación histórica se muestran acciones específicas como la de Isabel proclamándose reina. De acuerdo con los especialistas, este hecho sucedió pero no se encontró registro de que fuera la misma reina la que tomara la corona y se la colocara. Visualmente hablando, la escena muestra el carácter de Isabel al no esperar a su esposo para que ambos fueran proclamados reyes.

Tanto en las fuentes primarias como en las contemporáneas, se encontró similitud en los datos sobre el personaje analizado y su representación televisiva. El proceso de investigación que se realizó permitió verificar que las escenas seleccionadas coincidieron con la realidad histórica en cuanto a temática general, y que la imaginación histórica tuvo un papel fundamental en el desarrollo de los diálogos y acciones.

Con base en lo anterior puede afirmarse que la adaptación se apega en gran medida a la realidad histórica, que el contenido de Isabel permite tener un acercamiento a la vida de la monarquía española del siglo XV y del papel de la mujer en la sociedad de esa época.

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